5 años de MyStarbucks Idea

My Starbucks Idea
My Starbucks Idea

Si hay una empresa que se repite en casi todas las presentaciones sobre las maravillas de los medios sociales esa es Starbucks: ya sea por su programa de fidelización gamificadoel tamaño gigantesco de su comunidad o las interacciones con la misma (aunque sigo sin entender cómo se interactúa “uno a uno” con más de 3 millones de personas).

Entre la miríada de iniciativas se encuentra My Starbucks Idea, la comunidad de innovación abierta de los clientes de Starbucks (llevo inscrito tiempo, más que nada por curiosidad).

Varias cosas que me gustaría comentar:

  • A día de hoy se sigue usando como ejemplo en muchas presentaciones y cursos. Junto al outlet de Dell. Por un lado me invade la nostalgia: parece que fue ayer cuando estas cosas eran novedosas y parecía que iban a cambiar el mundo. Por el otro lado me invade la autocrítica: actualicemos las presentaciones, leñe.
  • En general se vende como un éxito: más de 150.000 ideas propuestas en 5 años. Pero…
  • Tan sólo 277 se han llevado a la práctica: el 0,18%.
  • Ojo, que esto no tiene que ser necesariamente malo: habría que evaluar el impacto que han tenido esas 277 ideas y tener en cuenta que hay clientes dispuestos a pasar el rato dando ideas para Starbucks y votando las de otros (2 millones de votos emitidos)

En la infografía se pueden ver más detalles y ejemplos concretos.

Infografía Starbucks

Fuente: Starbucks Melody.

Mi impresión general es que más que el valor de las ideas en sí (como decía, 277 en 5 años, con una tasa de “éxito” del 0,18% no es que suene como para tirar cohetes, aunque tampoco soy un experto en el tema) lo que busca Starbucks es involucrar a los más cercanos a la marca, y contar con un laboratorio de análisis impresionante: ¿cómo reacciona la gente a las propuestas? ¿de qué se habla más? Poder analizar una comunidad como esta tiene que ser casi como sacar petróleo: duro, pero muy valioso.

P.d.: Y todo esto sin contar con la imagen de innovación que se transmite.

 

¿Y por qué no? Generando ideas

porqueno

Hola a todos, aquí vuelvo a la carga.

Hoy me gustaría hablaros de un libro que me pareció muy interesante en su momento, se trata de ¿Por qué no? de Ian Ayres y Barry Nalebuff. Aquí mismo tenéis más información, y también podéis entrar a la Web que crearon a partir de su libro, dónde miles de personas comparten sus ideas: www.whynot.net. No lo he mirado mucho, pero tiene pinta de ser algo parecido a la española Ideas4all.

¿Qué tiene de especial este libro?

No soy especialmente partidario de los libros de “autoayuda económica”, que parece que si los lees acabarás convertido en el más productivo del mundo, el mayor emprendedor o el empleado del año.

Pero este en concreto me encantó, en parte por su enfoque ultrapráctico (siempre lleno de ejemplos y aplicaciones de las teorías) y por lo original de algunos ejemplos.

A lo largo del libro nos enseñan 4 métodos para generar ideas yresolver problemas concretos, bastante simples de aplicar y que ayudan a activar nuestra creatividad. De hecho el eslogan es “cómo usar el ingenio en el día a día para resolver problemas grandes y pequeños”.

Veamos los métodos planteados:

  • ¿Que haría Creso?

Es decir, cómo pensaría un consumidor sin restricciones. Si tuviéramos recursos ilimitados, ¿qué podríamos hacer? Si así encontramos una solución, después nos toca rebajarla, intentando que no pierda su “núcleo”. ¿Qué haría Bill Gates para que no le despertaran en medio de la noche con llamadas tontas? Pues tener a alguien que se las filtrara, y que sólo le pasara urgencias. ¿Qué podría hacer una persona normal? Una especie de “autofiltro”, un mensaje grabado que avise de que sólo continúen con la llamada si de verdad es muy importante.

  • ¿Funcionaría al revés?

Se puede invertir un sistema y ver qué pasa. Uno de los ejemplos que proponen es darle la vuelta a la clásica petición que se hacía en los videoclubs con los VHS (¿os acordáis? A mí me vino la nostalgia al leerlo):  “Rebobine la película antes de devolverla”. Si vivistéis aquellos años dorados, recordaréis que era muy habitual encontrarse la cinta sin rebobinar. Si cualquier usuario va a tener que rebobinar al menos una vez la cinta, ¿por qué no pedirle que lo haga al principio? Situamos el premio (ver la cinta) justo después de la tarea (rebobinar), eliminando el incentivo de ver la película y dejarla sin rebobinar.

  • ¿Dónde más funcionaría?

Reciclaje de ideas. Si algo funciona, ¿por qué no buscamos dónde más podría encajar? Ikea ofrece un servicio de guardería para que los padren pueda gastar a gusto, ¿dónde más se puede ofrecer? Algunas ideas de los autores son los cines o los restaurantes de lujo. ¿Se os ocurren más?

  • ¿Por qué no siente mi dolor?

Internalicemos las externalidades. Así de simple. Bueno, esa frase sólo les sonará a los economistas, pero básicamente consiste en que los “efectos secundarios” los pague el que los crea.

Citemos el clásico ejemplo que todos hemos visto en cada aula de economía: la fábrica que contamina el río y la piscifactoría que está abajo. O el lado bueno (“externalidad positiva”): el vecino que toca muy bien el piano y te alegra la vida, o los vecinos que arreglan sus fachadas y mejoran la imagen del barrio. Aprovechando estos “efectos secundarios” se pueden generar “oleadas” de “bonanza” o de desgracia. En el libro nos ofrecen otros bastante más originales, pero nada, para otro día, o leed el libro.

Un libro muy recomendable, ameno (a veces tenemos la impresión de estar jugando a algo) y con una gran cantidad de añadidos (el caso real de “Honest Tea”, puzzles,…)