Amanda Palmer en TED: el arte de pedir

No soy especialmente melómano (un poco megalómano sí, pero eso es otra historia), pero la primera vez que escuché a The Dresden Dolls sentí algo único: no pude dejar de repetir una y otra vez en mi viejo pc The Time has Come o Coin Operated Boy. No tengo claro cómo llegué a esos temas, pero creo que  fue gracias a soulseek.

Descargué lo más rápido que pude los discos completos y casi sin darme cuenta me convertí en un fan. Cuando un tiempo después vi que daban un concierto en Madrid no dudé en estirar mi sueldo de pobre becario de la época (me fallan las fechas, pero creo que todo esto fue entre 2004 – 2006) y comprar un par de entradas: como nadie de mi círculo conocía el grupo tuve que invitar para tener compañía.

Cuando acabó, compré dos posters (que hasta el año pasado se quedaron acumulando polvo en casa de mi madre, porque cambiaba demasiado de ciudad como para llevarlos conmigo) y una camiseta que todavía tengo.

¿A qué viene todo este rollo? Básicamente que es (así a ojo) en el grupo en el que más dinero he invertido (2 entradas a 20 euros, 2 posters a 10 y una camiseta a 15, darían un total de 75€ si no me falla la memoria con las cifras) y nunca he tenido que pagar por una sola canción suya.

No me meteré en reflexiones sobre modelos de negocio, piratería y demás (esos temas se los dejo a Gonzalo Martín), pero tras ver la intervención de mi querida Amanda en TED y la brutal campaña de Kickstarter en la que superó el millón de dólares de recaudación creo que tiene sentido pensar que hay otra forma de hacer las cosas, y que buscar la conexión emocional con los fans (no los de Facebook, los de verdad) tiene todo el sentido del mundo.

Os dejo con la charla, emotiva y sentida donde las haya. Que aproveche.

Enlazo a Versvs, que hizo aquí una mención medio oculta a los amigos. Fue un placer descubir que también era fan.

5 Replies to “Amanda Palmer en TED: el arte de pedir”

  1. ¿Ves como tu blog es mejor?
    1.000 fans a 75 dolares al año son 75.000. Si se dejan 200 (venga, ya estamos en los verdaderos, y eso son menos de 20 al mes), haz la cuenta. En realidad, se trata de vender entradas y muchos pequeños actos. Aquí se suele decir que vaya miseria. Pero todo esto hay que medirlo con la realidad económica del conjunto de los artistas, no por los de éxito masivo. Parece que psicológicamente todo el mundo quiere medir el éxito de un modelo de negocio por si da para que todo el que lo quiera saque una pasta. Y la vida, que permanece, demuestra que sólo unos pocos pueden. Ahora y en el Renacimiento.
    (A mi los Dresden Dolls me suenan tan setentas…: es decir, copian muy bien)

    1. Echaba de menos escribir la verdad. Vamos, que he escrito en otras partes, pero no en mi blog jeje.

      Me gustaría tu comentario si no fuera por el final: no copian, son originales. Bueno, que se inspiren en otras cosas no quiere decir nada, quejica incoherente.

      Volviendo al tema que nos ocupa: nos han acostumbrado demasiado a los grandes éxitos. Que son una proporción tan tan pequeña, que no tiene tanto sentido pensar en ella. Cuando habla de que se ha perdido “el contacto entre artista y público” no pude estar más de acuerdo.

      Quizá con los nuevos modelos se recupere esto. 

  2. Al final has conseguido que me pase a ver el vídeo. Me ha molaso, aunque supongo que no tanto cmo a ti. Bastante de acuerdo con que hay modelos para encontrar formas de ser rentable, válidas y “ejecutables” Supongo que la tecnología, conexión bla bla bla están haciendo que la larga cola sea cada vez más larga.

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